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A principios de este año se logró en Cataluña
le renovación del llamado pacto de izquierdas, que incluye
a los socialistas, con su líder al frente de la silla
presidencial, los independentistas como segundo socio de gobierno
y ostentando la vicepresidencia, y los verdes.
¿Cómo se entiende
la renovación del pacto de izquierdas, aún cuando
los independentistas gobiernan con un nuevo estatuto no deseado?
¿Cómo se ven vistos y tratados por los políticos
y medios de comunicación españoles? ¿Cómo
ven el enclave de una nación que cada día se
presenta más como tal sin rubor ni culpas dentro de
un estado español que difícilmente reconoce
realidades distintas a la propia castellana? ¿Cómo
vislumbran la plausibilidad de convertirse en un estado propio
y recuperar la soberanía en un futuro próximo?
Joan Puigcercós es actualmente
titular de la Consejería de Gobernación del
gobierno de la Generalitat de Catalunya, una de las carteras
estratégicas dentro del gobierno catalán, y
uno de los hombres claves dentro de Esquerra Republicana de
Catalunya, el único partido catalán de índole
independentista. Antes de este cargo, fue el portavoz de su
partido en el Congreso de los Diputados, el parlamento español.
En esta entrevista le traemos de primera mano cuál
es la visión que desde el gobierno catalán se
tiene de esta segunda legislatura de izquierdas tras más
de dos décadas de gobierno derechista. Del panorama
político y social de la nación catalana, del
estado español y del enclave de Cataluña como
nación en Europa y el mundo.
¿Qué
destacaría de la Consejería de Gobernación
durante su época de mandato?
Nuestro gran objetivo es la nueva reordenación territorial,
o sea, que Cataluña deje de tener la estructura política
española de Diputación, la estructura provincial,
para que pueda estructurarse a sí misma y pasemos a
la forma catalana que son las llamadas vegueries. Esto lo
haremos mediante una ley de organización territorial
que se llevará al parlamento de Cataluña para
su aprobación.

En su etapa de Madrid,
¿Cuál fue su vivencia del proceso estatutario,
visto desde Madrid?
Creo que el gobierno español, la prensa española
y todo el poder económico español y todos los
partidos españoles fijaron una gran presión
contra Cataluña. Una campaña de hostigamiento
permanente para minar las bases de la propuesta catalana.
Esta es la campaña que yo viví de modo permanente;
no sólo des del Partido Popular, sino también
desde el PSOE, en contra de las aspiraciones de un nuevo estatuto
en Cataluña.
¿Llegaron incluso
a presiones personales?
Sí, sí. La hostilidad aún dura en las
calles de Madrid contra los políticos catalanes, sean
de derechas o de izquierdas. Hasta el punto que esta hostilidad
se traducía en inseguridad casi física. Es una
inseguridad que me sucedió. Es lamentable que los medios
de comunicación españoles como El Mundo o ABC
o La Razón, o algunas radios españolas, con
el respaldo del Partido Popular hicieran una campaña
de casi poner precio a la cabeza de los políticos catalanes.
Se vivió y aún se vive con mucha tensión
por parte de los políticos catalanes. Pero de hecho
no es algo nuevo, es una constante desde hace trescientos
años. Durante todo este tiempo a los catalanes se nos
considera un enemigo del modelo de estado español.
Siempre se nos vio con recelo, y estas campañas tienen
brotes, tienen picos álgidos, y ahora estamos en uno
de ellos.
Usted fue portavoz
de ERC en el Congreso de los Diputados en la legislatura de
Aznar, ¿Qué se siente tener a Aznar tan cerca
como jefe del gobierno?
Una capacidad de sorpresa increíble. Siempre pensaba
que (Aznar) había llegado al límite y a la mañana
siguiente se volvía a superar a sí mismo. Y
ver la gran capacidad de Aznar y del PP para mentir permanentemente.
La mentira, por grande que sea, al tener un apoyo leal de
artillería por parte de medios de comunicación
y del poder económico, al final todo se vale, todo
es factible y todo es posible. En sí el personaje no
es tan duro como aparenta, porque cuando haces un cara-a-cara
con él ves que no es tan fiero el león como
lo pintan.
¿Cabría
alguna comparación con la etapa de Zapatero?
No, no hay color. El régimen de Aznar fue un régimen
de mayoría absoluta donde el Partido Popular intentó
arrasar con la oposición. Intentó arrasar a
las diferentes naciones que conviven en el Estado Español.
La época de Zapatero es una época de mayoría
relativa. Que necesita apoyos, que hace equilibrios. Muchas
veces no puede cumplir sus palabras porque se da una cierta
frivolidad por parte del presidente Zapatero de hacer promesas,
pero esto ya forma parte del juego político.
¿Pero podría
llegar a ser lo mismo?
No, nunca podría llegar a ser lo mismo. Lo de Aznar
fue una experiencia que espero que todos los progresistas
de Cataluña y de España tengan lo suficientemente
clara y reciente como para que no tenga que volver a suceder.
De su época
en Madrid ¿Percibió que España respeta
a Cataluña al igual que Canadá o el Reino unido
respetan a sus naciones?
No. España ha tenido una vocación francesa en
esto. Es un modelo muy francés. Existe un nacionalismo
castellano-español que considera que todo lo que no
sea castellano-español y todo lo que no pase por este
molde tiene que ser eliminado, y esta es la postura que han
tenido para con la lengua y la cultura catalana. No fue sólo
en el franquismo, vemos hoy en día actitudes del Partido
Popular absolutamente herederas del franquismo en lo que respecta
a la lengua y cultura catalanas. Hemos visto una auténtica
catalanofobia permanente de algunas instituciones económicas,
como cuando una empresa catalana (Gas Natural), lanzó
una OPA a un consorcio electrógeno y de electricidad
(ENDESA), con la mitad del mercado en Cataluña. Yo
creo que este modelo que aplica España a Cataluña
es el mismo que aplica Francia en la Cataluña francesa
o Córcega. Es un modelo que los regímenes anglosajones
no han tratado nunca en sus colonias. Creo que la realidad
de Cataluña estorba. Desde Madrid querrían una
Cataluña sin identidad propia, sin ninguna iniciativa
económica propia, y que fuéramos cuatro provincias
dedicadas al turismo, el balneario del mediterráneo
y punto. Sin industria, sin capacidad tecnológica,
sin clase política. En cierta medida una valencianización.
¿Su etapa en
el congreso le sirvió para fungir como consejero?
Me sirvió para tener una visión estratégica,
legislativa de las leyes. Una visión del marco político
español. Siempre digo que un político catalán
independentista, como es mi caso, ha de pasar por Madrid para
ver la metrópolis. Los mexicanos me entenderán
perfectamente, cuando hablo de la época en que dependían
de Madrid. Para nosotros es igual, has de conocerla. Y creo
que me ha ido muy bien, porque tengo una visión de
la política de estado, pero sobretodo me va bien porque
la tensión y el voltaje político que se lleva
en Madrid te dan muchas tablas en Cataluña.
¿Cómo se vive con la paradoja de ser
de un partido republicano colaborando con un gobierno de una
monarquía?
Es el pactismo. Mis principios son claramente independentistas.
Creo que lo mejor que le puede pasar a Cataluña es
ser un país independentista, como lo es Lituania, Letonia,
Portugal, pero eso no quiere decir que yo tenga que estar
inactivo, instalarme en la inactividad hasta que seamos independientes.
Tengo que trabajar de cara a este proceso, pero la vida continúa,
y como partido de izquierdas, progresista, y como demócrata
lo que tengo que hacer es que haya una buena escuela pública,
que haya una buena sanidad, que haya buenas carreteras. Por
tanto, como amo a mi país, también me encuentro
trabajando por eso, y esto me obliga a hacer pactos con partidos
monárquicos.
¿Y se debe entender
pacto igual a sacrificio?
No, no, nunca. Si se considera que un pacto es un sacrificio
ya no estamos en un régimen democrático. Yo
creo que en un régimen democrático, la gente
habla. Siempre digo que Cataluña debe ser independiente
por la estricta vía democrática. Esto no quiere
decir que a veces no tengas que renunciar a cosas momentáneamente.
En una democracia, pluripartidista como es la nuestra, de
diferentes opiniones, es lógico que nadie puede aplicar
su programa al cien por cien.
¿Vislumbra en
el horizonte un futuro estado para Cataluña?
Sí, sí. Yo creo que Cataluña está
entrando en una fase de no retorno. Es decir, las patronales
de este país, que hasta ahora veían al mercado
español como a su único mercado, se están
abriendo al mundo. Hemos de tener en cuenta que para Cataluña,
el mercado español significa el 2 por mil del mercado
mundial. Hay una permanente presión identitaria por
parte del nacionalismo español de no comprar productos
catalanes, de sabotear empresas catalanas, esto es una constante,
tal y como se ha demostrado. Por lo tanto creo que la parte
más activa y emprendedora de este país ha decidido
salir al mundo. El mercado español seguirá siendo
importante, porque al final los consumidores españoles,
aún con las consignas, se guían por el producto
de más calidad, el más competitivo y el más
barato. Aún con ello, creo que hay un punto de no retorno
de sectores enteros de la sociedad catalana, que no necesariamente
eran independentistas, pero que en un sentido práctico
han descubierto todo lo que ganaríamos en materia de
inversiones, de recursos, de decidir por nosotros mismos si
no tuviéramos que pasar por Madrid.
¿Un punto de
no retorno que permitiría a Cataluña ser el
vigesimo-octavo estado de la Unión Europea?
Nosotros ya estamos en la Unión Europea. No hablamos
de ampliación externa de la Unión Europea, hablamos
de un concepto que es la ampliación interna. Este es
un criterio que en su momento, cuando se hizo el Tratado Constitucional
Europeo, algunos constitucionalistas europeos, como el eurodiputado
escocés, Neil McCornick, del SNP (Scottish National
Party/ Partido Nacional Escocés), defendió.
Un concepto válido para Cataluña, Escocia y
Flandes.
Un concepto que de
momento la Unión europea no contempla...
No, pero la Unión Europea hace excepciones. Yo estoy
convencido que si Cataluña es independiente y Escocia
es independiente, la Unión Europea tendrá que
aceptar que formamos parte de la Unión Europea.
El líder del
SNP, Douglas Adams, reconocía recientemente ver a Escocia
más hacia Irlanda, en un sentido de estado, mientras
que veía a Cataluña como una especie de autonomía
con ciertos privilegios, ¿está usted de acuerdo?
Es una visión que puede tener él
(Douglas Adams). Es verdad que los escoceses tienen una conciencia
nacional mucho más elevada. No tienen tanta inmigración
como nosotros, factor que ha ralentizado el proceso de emancipación
nacional, y esto comporta más trabajo en el sentido
de integrar, incorporar, y crear una sociedad más inclusiva
para aceptar a aquellas personas que han venido de fuera de
Cataluña. Tienen que formar parte de nuestra sociedad,
les tenemos que dar oportunidades, derechos y deberes, y esto
ralentiza un proceso. Un problema que Escocia no ha tenido
y también pasa por estar en un estado más tolerante,
que es el británico, aún con el Ulster en su
momento. Actualmente Londres estaría dispuesto a aceptar
una Escocia independiente, en cambio la tradición española
es otra, su tradición ha sido la de enviar tanques
siempre que ha podido.
¿Cómo
sitúa actualmente Cataluña en el contexto español
y europeo?
Cataluña es en estos momentos uno de los motores de
Europa. Es una potencia que aún no teniendo estado,
que sí lo tiene pero lo tiene en contra, que es el
estado español, ha sido capaz de crear un modelo económico
y de vida de una alta calidad. Ahora está haciendo
su salto de la industria tradicional a la sociedad de la información,
la industria del conocimiento. Tiene una de las potencias
turísticas más importantes de Europa. La sociedad
catalana está haciendo un gran esfuerzo para incorporar
a todas las personas que han venido de otros países
como Ecuador, Marruecos, Colombia, Bolivia, Rumania; para
reforzar el modelo escolar y la sanidad pública, realizando
una política de más atención a la diversidad,
porque necesitamos una sola sociedad, no una sociedad desfragmentada.
Esto es lo que da la llave al futuro de la Cataluña
de los próximos años. Yo creo que esta es una
Cataluña que es referencia en muchas cosas en Europa.
Por ejemplo, estamos llevando mucho mejor todo el proceso
de inmigración que Francia o que en otras zonas del
estado español. Nosotros en este aspecto, y con las
dificultades que hay, creo que somos un modelo de referencia
europeo, y que sería una auténtica potencia
si tuviéramos la suerte de tener estado.
¿Aquí
no se verán “ghettos” como ha sucedido
en Francia?
Puede ser, pero nosotros estamos trabajando para que esto
no suceda. Creo que lo estamos trabajando de manera muy diferente
a las anteriores experiencias migratorias.
¿Esta segunda
legislatura significa una segunda oportunidad para la coalición
de izquierdas en la Generalitat?
Es una segunda oportunidad como hay terceras y cuartas. Creo
que sí, por que la anterior fue una legislatura muy
complicada por el tema de la negociación del Estatut
en Madrid. Provocó mucha tensión. No dejó
que la tarea habitual, diaria, de un gobierno funcionara en
áreas como la salud, el bienestar, asuntos sociales,
vivienda, la implantación de la sociedad de la información.
Son temas que no pudieron salir a la luz debido a que el Estatut
era el gran debate.
En la primera legislatura
de la coalición de izquierdas, usted estaba en el parlamento
español, en esta segunda es miembro del ejecutivo catalán
¿Qué diferencias encuentra entre las dos etapas?
La anterior fue una etapa muy volátil, muy declarativa,
muy de táctica política de baja calidad por
parte de todos los partidos por el tema del Estatut. En cambio
ésta es una legislatura mucho más aposentada,
más consolidada, más de atención a la
ciudadanía, menos declarativa, menos estratégica,
puesto que ahora estamos definiendo los objetivos de Cataluña.
Contamos en la mesa de negociación con España
con temas como el propio despliegue del Estatut.
Sobre el Presidente José Montilla,
¿es fiel a su eslogan electoral ‘hechos, no palabras’?
Sí, en la anterior legislatura hubo un exceso de política
declarativa y poca cosa más. Al final creo que el único
que no ha entendido que hemos cambiado de etapa ha sido el
líder de la oposición, Artur Mas. Es lógico,
la oposición vive de declaraciones, no de trabajo.
Pero el gobierno marca sus prioridades, su ritmo y estamos
solucionando algunos temas importantes en este país.
Hace poco Cataluña
consiguió un dominio propio, el ‘.cat’,
pero no de dos letras, que es el reservado para los estados
¿Se puede considerar un logro o un fracaso?
Es un éxito rotundo. El mundo nos sitúa mucho
más teniendo el dominio ‘cat’ que el domio
‘ct’. Es verdad que el ‘ct’ sería
el de un país independiente o de un estado, pero el
‘cat’ explica casi mejor lo que somos. Lo importante
es que tengamos dominio en el mundo. Tenerlo es como tener
embajadas, una referencia mundial. Este hecho nos ha abierto
al mundo, nos ha singularizado en el mundo. Es nuestro pasaporte.
Hay dos grandes éxitos de este gobierno, en la época
de Jordi Pujol cuando se creó la televisión
catalana y ahora, con el logro del dominio ‘cat’.
¿Qué
diferencias encuentra entre la política española
y la catalana?
La política española es mucho más salvaje,
supongo que porque también tiene más poder,
desgraciadamente para Cataluña. Ya nos gustaría
tener aquí el poder que tienen en Madrid de decisión.
La española es una política que no piensa tanto
en la economía, como en temas mucho más simbólicos.
Está más preocupada por los otros, en los casos
de Euskadi, en el conflicto de ETA, en el gobierno español,
en Cataluña. La política catalana piensa más
en la economía. Está más preocupada por
los ferrocarriles, por la fibra óptica, por la innovación.
Pese a que pueda parecer una paradoja, está más
preocupada en el futuro de la gente de Cataluña.
¿Podemos decir
que la política española está más
preocupada por su sentido de estado?
Sí, es su razón de ser. En el fondo los españoles
se están cuestionando durante todo el día qué
son. Los catalanes no nos cuestionamos qué somos, eso
ya lo sabemos. Somos una nación llamada Cataluña.
Los españoles están en permanente discusión,
porque España es una realidad difusa, porque España
incluye muchas cosas. Hay muchas visiones de España.
Ellos están siempre muy ensimismados, y eso provoca
un debate muy agrio, muy duro, muy crispado. Este debate en
Cataluña es más pausado, tiene otro talante,
una manera más tranquila de ver las cosas, más
dialogante. Existe una tradición pactista. La tradición
del imperialismo español ha sido siempre ganar guerras,
o perderlas. La tradición de la política catalana,
por suerte o por desgracia, ha sido siempre llegar a pactos
y acuerdos. Esto al final acaba creando culturas políticas
diferentes. La política española es mucho más
truculenta, mucho más del todo o nada. La política
catalana es más de buscar el acuerdo y el diálogo.
Las dos tienen sus cosas positivas y negativas.
¿Por qué
razón ERC gobierna con un Estatut no querido?
Porque también estamos gobernando con una constitución
que no queríamos. La constitución española
no la votamos nosotros, y aquí estamos haciendo política.
Si nosotros no tuviéramos que gobernar ni tuviéramos
que presentarnos a las elecciones porque no estamos de acuerdo
con la constitución española…
¿Y cómo se combina tener que gobernar
con articulados que inclusive los votaron ustedes en contra?
Los articulados que se aprobaron están ahora mismo
siendo cuestionados por el gobierno español. Se combina
sabiendo que esta es una legislatura de cuatro años,
y que debemos aplicar el Estatut que aprobó el pueblo
de Cataluña. Como demócratas tenemos que aceptar
lo que votó la gente en referéndum, lo que no
quiere decir que nosotros no renunciemos a ir mucho más
allá. El Partido Popular, fue contrario a la constitución
española en su momento y no la votó. Tuvo actitudes
muy críticas, y acabó gobernando con una constitución
en la que no creía. Lo que me refiero es que nosotros
tenemos un debate político pero formamos parte de un
sistema de partidos y de un sistema institucional. Lo que
no podemos hacer es salir de este sistema.
Pero prefirieron gestionar
este Estatut aún con los puntos en contra que gestionarlo
desde la oposición
Este es un argumento falaz que usó la oposición.
Según esto, ERC no debería gobernar nunca más
hasta que no hubiera un nuevo Estatut. Es ridículo.
Es una pregunta que no se sustenta. Nosotros estamos gobernando
con un Estatut del que extraeremos el máximo provecho
posible, y la garantía de que iremos al máximo
es que consideramos este Estatut pobre. En su momento ya criticamos
como se recortó el Estatut saliente del Parlamento
de Cataluña y cómo un pacto en Madrid, entre
el gobierno español y la derecha catalana (CiU) lo
recortó.
¿Conoce usted
México? ¿Qué opinión le merece
la política mexicana?
Sí conozco México. La sensación que tengo
y el conocimiento que tengo de la política mexicana
son por conocer diputados del PRI, PAN y PRD. He tenido amigos
en el PRD, como el diputado Ucc Espadas, que vino mucho a
Cataluña cuando estaban realizando la Ley de Lenguas
Indígenas que finalmente no aprobó el presidente
Fox.
A mí México me parece un país
apasionante. Un país que en estos momentos no ha acabado
de estabilizar su modelo político. Creo que en las
últimas elecciones la disputa presidencial entre el
PAN y el PRD, o entre Calderón y López Obrador,
da la sensación de que aún no es un país
estabilizado, aunque debe ser difícil teniendo un vecino
en el norte como es Estados Unidos, y que aún no se
han valorado ni están claros los efectos del TLC. Creo
que es una sociedad que realiza un gran esfuerzo de alfabetización,
de servicios, cuando tiene zonas muy complejas como el DF,
y que tiene una situación de una complejidad que los
diferentes estamentos intentan gestionar como buenamente pueden,
pero considero que en estos momentos el reto de México
es saber cómo será capaz de aprovechar a su
favor las relaciones con Estados Unidos en relación
al TLC, creo que es su mayor dificultad. |