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  Entrevista a Joan Puigcercós, Consejero de Gobernación de la Generalitat de Cataluña
  Fecha : 08 - feb - 2008
   
 
A principios de este año se logró en Cataluña le renovación del llamado pacto de izquierdas, que incluye a los socialistas, con su líder al frente de la silla presidencial, los independentistas como segundo socio de gobierno y ostentando la vicepresidencia, y los verdes.

¿Cómo se entiende la renovación del pacto de izquierdas, aún cuando los independentistas gobiernan con un nuevo estatuto no deseado? ¿Cómo se ven vistos y tratados por los políticos y medios de comunicación españoles? ¿Cómo ven el enclave de una nación que cada día se presenta más como tal sin rubor ni culpas dentro de un estado español que difícilmente reconoce realidades distintas a la propia castellana? ¿Cómo vislumbran la plausibilidad de convertirse en un estado propio y recuperar la soberanía en un futuro próximo?

Joan Puigcercós es actualmente titular de la Consejería de Gobernación del gobierno de la Generalitat de Catalunya, una de las carteras estratégicas dentro del gobierno catalán, y uno de los hombres claves dentro de Esquerra Republicana de Catalunya, el único partido catalán de índole independentista. Antes de este cargo, fue el portavoz de su partido en el Congreso de los Diputados, el parlamento español. En esta entrevista le traemos de primera mano cuál es la visión que desde el gobierno catalán se tiene de esta segunda legislatura de izquierdas tras más de dos décadas de gobierno derechista. Del panorama político y social de la nación catalana, del estado español y del enclave de Cataluña como nación en Europa y el mundo.

¿Qué destacaría de la Consejería de Gobernación durante su época de mandato?
Nuestro gran objetivo es la nueva reordenación territorial, o sea, que Cataluña deje de tener la estructura política española de Diputación, la estructura provincial, para que pueda estructurarse a sí misma y pasemos a la forma catalana que son las llamadas vegueries. Esto lo haremos mediante una ley de organización territorial que se llevará al parlamento de Cataluña para su aprobación.

En su etapa de Madrid, ¿Cuál fue su vivencia del proceso estatutario, visto desde Madrid?
Creo que el gobierno español, la prensa española y todo el poder económico español y todos los partidos españoles fijaron una gran presión contra Cataluña. Una campaña de hostigamiento permanente para minar las bases de la propuesta catalana. Esta es la campaña que yo viví de modo permanente; no sólo des del Partido Popular, sino también desde el PSOE, en contra de las aspiraciones de un nuevo estatuto en Cataluña.

¿Llegaron incluso a presiones personales?
Sí, sí. La hostilidad aún dura en las calles de Madrid contra los políticos catalanes, sean de derechas o de izquierdas. Hasta el punto que esta hostilidad se traducía en inseguridad casi física. Es una inseguridad que me sucedió. Es lamentable que los medios de comunicación españoles como El Mundo o ABC o La Razón, o algunas radios españolas, con el respaldo del Partido Popular hicieran una campaña de casi poner precio a la cabeza de los políticos catalanes. Se vivió y aún se vive con mucha tensión por parte de los políticos catalanes. Pero de hecho no es algo nuevo, es una constante desde hace trescientos años. Durante todo este tiempo a los catalanes se nos considera un enemigo del modelo de estado español. Siempre se nos vio con recelo, y estas campañas tienen brotes, tienen picos álgidos, y ahora estamos en uno de ellos.

Usted fue portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados en la legislatura de Aznar, ¿Qué se siente tener a Aznar tan cerca como jefe del gobierno?
Una capacidad de sorpresa increíble. Siempre pensaba que (Aznar) había llegado al límite y a la mañana siguiente se volvía a superar a sí mismo. Y ver la gran capacidad de Aznar y del PP para mentir permanentemente. La mentira, por grande que sea, al tener un apoyo leal de artillería por parte de medios de comunicación y del poder económico, al final todo se vale, todo es factible y todo es posible. En sí el personaje no es tan duro como aparenta, porque cuando haces un cara-a-cara con él ves que no es tan fiero el león como lo pintan.

¿Cabría alguna comparación con la etapa de Zapatero?
No, no hay color. El régimen de Aznar fue un régimen de mayoría absoluta donde el Partido Popular intentó arrasar con la oposición. Intentó arrasar a las diferentes naciones que conviven en el Estado Español. La época de Zapatero es una época de mayoría relativa. Que necesita apoyos, que hace equilibrios. Muchas veces no puede cumplir sus palabras porque se da una cierta frivolidad por parte del presidente Zapatero de hacer promesas, pero esto ya forma parte del juego político.

¿Pero podría llegar a ser lo mismo?
No, nunca podría llegar a ser lo mismo. Lo de Aznar fue una experiencia que espero que todos los progresistas de Cataluña y de España tengan lo suficientemente clara y reciente como para que no tenga que volver a suceder.


De su época en Madrid ¿Percibió que España respeta a Cataluña al igual que Canadá o el Reino unido respetan a sus naciones?
No. España ha tenido una vocación francesa en esto. Es un modelo muy francés. Existe un nacionalismo castellano-español que considera que todo lo que no sea castellano-español y todo lo que no pase por este molde tiene que ser eliminado, y esta es la postura que han tenido para con la lengua y la cultura catalana. No fue sólo en el franquismo, vemos hoy en día actitudes del Partido Popular absolutamente herederas del franquismo en lo que respecta a la lengua y cultura catalanas. Hemos visto una auténtica catalanofobia permanente de algunas instituciones económicas, como cuando una empresa catalana (Gas Natural), lanzó una OPA a un consorcio electrógeno y de electricidad (ENDESA), con la mitad del mercado en Cataluña. Yo creo que este modelo que aplica España a Cataluña es el mismo que aplica Francia en la Cataluña francesa o Córcega. Es un modelo que los regímenes anglosajones no han tratado nunca en sus colonias. Creo que la realidad de Cataluña estorba. Desde Madrid querrían una Cataluña sin identidad propia, sin ninguna iniciativa económica propia, y que fuéramos cuatro provincias dedicadas al turismo, el balneario del mediterráneo y punto. Sin industria, sin capacidad tecnológica, sin clase política. En cierta medida una valencianización.

¿Su etapa en el congreso le sirvió para fungir como consejero?
Me sirvió para tener una visión estratégica, legislativa de las leyes. Una visión del marco político español. Siempre digo que un político catalán independentista, como es mi caso, ha de pasar por Madrid para ver la metrópolis. Los mexicanos me entenderán perfectamente, cuando hablo de la época en que dependían de Madrid. Para nosotros es igual, has de conocerla. Y creo que me ha ido muy bien, porque tengo una visión de la política de estado, pero sobretodo me va bien porque la tensión y el voltaje político que se lleva en Madrid te dan muchas tablas en Cataluña.


¿Cómo se vive con la paradoja de ser de un partido republicano colaborando con un gobierno de una monarquía?
Es el pactismo. Mis principios son claramente independentistas. Creo que lo mejor que le puede pasar a Cataluña es ser un país independentista, como lo es Lituania, Letonia, Portugal, pero eso no quiere decir que yo tenga que estar inactivo, instalarme en la inactividad hasta que seamos independientes. Tengo que trabajar de cara a este proceso, pero la vida continúa, y como partido de izquierdas, progresista, y como demócrata lo que tengo que hacer es que haya una buena escuela pública, que haya una buena sanidad, que haya buenas carreteras. Por tanto, como amo a mi país, también me encuentro trabajando por eso, y esto me obliga a hacer pactos con partidos monárquicos.

¿Y se debe entender pacto igual a sacrificio?
No, no, nunca. Si se considera que un pacto es un sacrificio ya no estamos en un régimen democrático. Yo creo que en un régimen democrático, la gente habla. Siempre digo que Cataluña debe ser independiente por la estricta vía democrática. Esto no quiere decir que a veces no tengas que renunciar a cosas momentáneamente. En una democracia, pluripartidista como es la nuestra, de diferentes opiniones, es lógico que nadie puede aplicar su programa al cien por cien.

¿Vislumbra en el horizonte un futuro estado para Cataluña?
Sí, sí. Yo creo que Cataluña está entrando en una fase de no retorno. Es decir, las patronales de este país, que hasta ahora veían al mercado español como a su único mercado, se están abriendo al mundo. Hemos de tener en cuenta que para Cataluña, el mercado español significa el 2 por mil del mercado mundial. Hay una permanente presión identitaria por parte del nacionalismo español de no comprar productos catalanes, de sabotear empresas catalanas, esto es una constante, tal y como se ha demostrado. Por lo tanto creo que la parte más activa y emprendedora de este país ha decidido salir al mundo. El mercado español seguirá siendo importante, porque al final los consumidores españoles, aún con las consignas, se guían por el producto de más calidad, el más competitivo y el más barato. Aún con ello, creo que hay un punto de no retorno de sectores enteros de la sociedad catalana, que no necesariamente eran independentistas, pero que en un sentido práctico han descubierto todo lo que ganaríamos en materia de inversiones, de recursos, de decidir por nosotros mismos si no tuviéramos que pasar por Madrid.

¿Un punto de no retorno que permitiría a Cataluña ser el vigesimo-octavo estado de la Unión Europea?
Nosotros ya estamos en la Unión Europea. No hablamos de ampliación externa de la Unión Europea, hablamos de un concepto que es la ampliación interna. Este es un criterio que en su momento, cuando se hizo el Tratado Constitucional Europeo, algunos constitucionalistas europeos, como el eurodiputado escocés, Neil McCornick, del SNP (Scottish National Party/ Partido Nacional Escocés), defendió. Un concepto válido para Cataluña, Escocia y Flandes.

Un concepto que de momento la Unión europea no contempla...
No, pero la Unión Europea hace excepciones. Yo estoy convencido que si Cataluña es independiente y Escocia es independiente, la Unión Europea tendrá que aceptar que formamos parte de la Unión Europea.

El líder del SNP, Douglas Adams, reconocía recientemente ver a Escocia más hacia Irlanda, en un sentido de estado, mientras que veía a Cataluña como una especie de autonomía con ciertos privilegios, ¿está usted de acuerdo?

Es una visión que puede tener él (Douglas Adams). Es verdad que los escoceses tienen una conciencia nacional mucho más elevada. No tienen tanta inmigración como nosotros, factor que ha ralentizado el proceso de emancipación nacional, y esto comporta más trabajo en el sentido de integrar, incorporar, y crear una sociedad más inclusiva para aceptar a aquellas personas que han venido de fuera de Cataluña. Tienen que formar parte de nuestra sociedad, les tenemos que dar oportunidades, derechos y deberes, y esto ralentiza un proceso. Un problema que Escocia no ha tenido y también pasa por estar en un estado más tolerante, que es el británico, aún con el Ulster en su momento. Actualmente Londres estaría dispuesto a aceptar una Escocia independiente, en cambio la tradición española es otra, su tradición ha sido la de enviar tanques siempre que ha podido.

¿Cómo sitúa actualmente Cataluña en el contexto español y europeo?
Cataluña es en estos momentos uno de los motores de Europa. Es una potencia que aún no teniendo estado, que sí lo tiene pero lo tiene en contra, que es el estado español, ha sido capaz de crear un modelo económico y de vida de una alta calidad. Ahora está haciendo su salto de la industria tradicional a la sociedad de la información, la industria del conocimiento. Tiene una de las potencias turísticas más importantes de Europa. La sociedad catalana está haciendo un gran esfuerzo para incorporar a todas las personas que han venido de otros países como Ecuador, Marruecos, Colombia, Bolivia, Rumania; para reforzar el modelo escolar y la sanidad pública, realizando una política de más atención a la diversidad, porque necesitamos una sola sociedad, no una sociedad desfragmentada. Esto es lo que da la llave al futuro de la Cataluña de los próximos años. Yo creo que esta es una Cataluña que es referencia en muchas cosas en Europa. Por ejemplo, estamos llevando mucho mejor todo el proceso de inmigración que Francia o que en otras zonas del estado español. Nosotros en este aspecto, y con las dificultades que hay, creo que somos un modelo de referencia europeo, y que sería una auténtica potencia si tuviéramos la suerte de tener estado.

¿Aquí no se verán “ghettos” como ha sucedido en Francia?
Puede ser, pero nosotros estamos trabajando para que esto no suceda. Creo que lo estamos trabajando de manera muy diferente a las anteriores experiencias migratorias.

¿Esta segunda legislatura significa una segunda oportunidad para la coalición de izquierdas en la Generalitat?
Es una segunda oportunidad como hay terceras y cuartas. Creo que sí, por que la anterior fue una legislatura muy complicada por el tema de la negociación del Estatut en Madrid. Provocó mucha tensión. No dejó que la tarea habitual, diaria, de un gobierno funcionara en áreas como la salud, el bienestar, asuntos sociales, vivienda, la implantación de la sociedad de la información. Son temas que no pudieron salir a la luz debido a que el Estatut era el gran debate.

En la primera legislatura de la coalición de izquierdas, usted estaba en el parlamento español, en esta segunda es miembro del ejecutivo catalán ¿Qué diferencias encuentra entre las dos etapas?
La anterior fue una etapa muy volátil, muy declarativa, muy de táctica política de baja calidad por parte de todos los partidos por el tema del Estatut. En cambio ésta es una legislatura mucho más aposentada, más consolidada, más de atención a la ciudadanía, menos declarativa, menos estratégica, puesto que ahora estamos definiendo los objetivos de Cataluña. Contamos en la mesa de negociación con España con temas como el propio despliegue del Estatut.

Sobre el Presidente José Montilla, ¿es fiel a su eslogan electoral ‘hechos, no palabras’?
Sí, en la anterior legislatura hubo un exceso de política declarativa y poca cosa más. Al final creo que el único que no ha entendido que hemos cambiado de etapa ha sido el líder de la oposición, Artur Mas. Es lógico, la oposición vive de declaraciones, no de trabajo. Pero el gobierno marca sus prioridades, su ritmo y estamos solucionando algunos temas importantes en este país.

Hace poco Cataluña consiguió un dominio propio, el ‘.cat’, pero no de dos letras, que es el reservado para los estados ¿Se puede considerar un logro o un fracaso?
Es un éxito rotundo. El mundo nos sitúa mucho más teniendo el dominio ‘cat’ que el domio ‘ct’. Es verdad que el ‘ct’ sería el de un país independiente o de un estado, pero el ‘cat’ explica casi mejor lo que somos. Lo importante es que tengamos dominio en el mundo. Tenerlo es como tener embajadas, una referencia mundial. Este hecho nos ha abierto al mundo, nos ha singularizado en el mundo. Es nuestro pasaporte. Hay dos grandes éxitos de este gobierno, en la época de Jordi Pujol cuando se creó la televisión catalana y ahora, con el logro del dominio ‘cat’.

¿Qué diferencias encuentra entre la política española y la catalana?
La política española es mucho más salvaje, supongo que porque también tiene más poder, desgraciadamente para Cataluña. Ya nos gustaría tener aquí el poder que tienen en Madrid de decisión. La española es una política que no piensa tanto en la economía, como en temas mucho más simbólicos. Está más preocupada por los otros, en los casos de Euskadi, en el conflicto de ETA, en el gobierno español, en Cataluña. La política catalana piensa más en la economía. Está más preocupada por los ferrocarriles, por la fibra óptica, por la innovación. Pese a que pueda parecer una paradoja, está más preocupada en el futuro de la gente de Cataluña.

¿Podemos decir que la política española está más preocupada por su sentido de estado?
Sí, es su razón de ser. En el fondo los españoles se están cuestionando durante todo el día qué son. Los catalanes no nos cuestionamos qué somos, eso ya lo sabemos. Somos una nación llamada Cataluña. Los españoles están en permanente discusión, porque España es una realidad difusa, porque España incluye muchas cosas. Hay muchas visiones de España. Ellos están siempre muy ensimismados, y eso provoca un debate muy agrio, muy duro, muy crispado. Este debate en Cataluña es más pausado, tiene otro talante, una manera más tranquila de ver las cosas, más dialogante. Existe una tradición pactista. La tradición del imperialismo español ha sido siempre ganar guerras, o perderlas. La tradición de la política catalana, por suerte o por desgracia, ha sido siempre llegar a pactos y acuerdos. Esto al final acaba creando culturas políticas diferentes. La política española es mucho más truculenta, mucho más del todo o nada. La política catalana es más de buscar el acuerdo y el diálogo. Las dos tienen sus cosas positivas y negativas.

¿Por qué razón ERC gobierna con un Estatut no querido?
Porque también estamos gobernando con una constitución que no queríamos. La constitución española no la votamos nosotros, y aquí estamos haciendo política. Si nosotros no tuviéramos que gobernar ni tuviéramos que presentarnos a las elecciones porque no estamos de acuerdo con la constitución española…


¿Y cómo se combina tener que gobernar con articulados que inclusive los votaron ustedes en contra?
Los articulados que se aprobaron están ahora mismo siendo cuestionados por el gobierno español. Se combina sabiendo que esta es una legislatura de cuatro años, y que debemos aplicar el Estatut que aprobó el pueblo de Cataluña. Como demócratas tenemos que aceptar lo que votó la gente en referéndum, lo que no quiere decir que nosotros no renunciemos a ir mucho más allá. El Partido Popular, fue contrario a la constitución española en su momento y no la votó. Tuvo actitudes muy críticas, y acabó gobernando con una constitución en la que no creía. Lo que me refiero es que nosotros tenemos un debate político pero formamos parte de un sistema de partidos y de un sistema institucional. Lo que no podemos hacer es salir de este sistema.

Pero prefirieron gestionar este Estatut aún con los puntos en contra que gestionarlo desde la oposición
Este es un argumento falaz que usó la oposición. Según esto, ERC no debería gobernar nunca más hasta que no hubiera un nuevo Estatut. Es ridículo. Es una pregunta que no se sustenta. Nosotros estamos gobernando con un Estatut del que extraeremos el máximo provecho posible, y la garantía de que iremos al máximo es que consideramos este Estatut pobre. En su momento ya criticamos como se recortó el Estatut saliente del Parlamento de Cataluña y cómo un pacto en Madrid, entre el gobierno español y la derecha catalana (CiU) lo recortó.

¿Conoce usted México? ¿Qué opinión le merece la política mexicana?
Sí conozco México. La sensación que tengo y el conocimiento que tengo de la política mexicana son por conocer diputados del PRI, PAN y PRD. He tenido amigos en el PRD, como el diputado Ucc Espadas, que vino mucho a Cataluña cuando estaban realizando la Ley de Lenguas Indígenas que finalmente no aprobó el presidente Fox.

A mí México me parece un país apasionante. Un país que en estos momentos no ha acabado de estabilizar su modelo político. Creo que en las últimas elecciones la disputa presidencial entre el PAN y el PRD, o entre Calderón y López Obrador, da la sensación de que aún no es un país estabilizado, aunque debe ser difícil teniendo un vecino en el norte como es Estados Unidos, y que aún no se han valorado ni están claros los efectos del TLC. Creo que es una sociedad que realiza un gran esfuerzo de alfabetización, de servicios, cuando tiene zonas muy complejas como el DF, y que tiene una situación de una complejidad que los diferentes estamentos intentan gestionar como buenamente pueden, pero considero que en estos momentos el reto de México es saber cómo será capaz de aprovechar a su favor las relaciones con Estados Unidos en relación al TLC, creo que es su mayor dificultad.


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